El futuro de la sociedad pasa por los abogados

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La regulación tecnológica, en general, y de la inteligencia artificial, en particular, se ha convertido en uno de los retos más importantes de la próxima década. La cuarta revolución industrial está a la vuelta de la esquina y ello supondrá la creación de nuevos escenarios en los que el sector legal deberá intervenir para evitar la falta de derechos y libertades.

El pasado mes de octubre se celebró el Congreso Mundial de Tecnologías de la Información en Ereván, Armenia, sobre “El poder y la descentralización: promesas y peligros”. En otras palabras, la tecnología ha creado una sociedad descentralizada que empodera a las personas con redes de información resistentes y abiertas, pero con un alto peligro de consecuencias no deseadas.

Actualmente, el gran desafío a nivel mundial no es inventar una nueva tecnología o una aplicación para resolver un problema dado. El principal desafío es reconocer y abordar las consecuencias de la tecnología y de las aplicaciones que están reestructurando el mundo. Los abogados tienen un reto mayúsculo ante una sociedad que tiene una dependencia prácticamente patológica de la tecnología.

¿Qué opinan los expertos?

Richard Clarke, asesor de seguridad nacional de los presidentes estadounidenses George W. Bush y Bill Clinton, explicó en Ereván que estamos en la “segunda fase de la revolución tecnológica, protagonizada por tres nuevas tecnologías: el aprendizaje automático de las máquinas (machine learning), la computación cuántica y el internet de las cosas y el 5G”. Además, Clarke añade: “La revolución tecnológica necesita ética o nos esclavizará. Las máquinas están tomando decisiones con sesgos que pueden perpetuar el racismo y el sexismo y que no sabemos cómo ni por qué se están tomando”.

A propósito de la ética, Daniel Hulme, experto en inteligencia artificial y fundador de Satalia, argumentó una solución con respecto a las grandes compañías como Facebook y Google: “Están más preocupados por su beneficio a corto plazo que por las consecuencias de la tecnología en la población. La mejor solución sería que cada persona pagara dos dólares al año por usarlas y así, con más de 2.000 millones de ingresos garantizados, estas empresas podrían centrarse en la ética de sus soluciones más que en sus beneficios”.

Para James Bridle, periodista, escritor y artista, que también estuvo presente en el Congreso, lo único que ha impedido que las empresas nacidas de la revolución industrial hayan destruido el planeta es la legislación: “Google y Facebook lo saben, y por eso son los mayores donantes políticos en Estados Unidos”. Y añade: “Los robots deben explicar sus acciones a los humanos porque no entendemos cómo funcionan”.

En resumen, los expertos coinciden en la necesidad de regular la tecnología para proteger los derechos de la población. Nosotros nos limitamos a preguntarles: ¿Es posible regular una tecnología que no existe? ¿Pueden los gobiernos evitar que la tecnología coarte derechos y libertades antes de conocer el modus operandi de las empresas? ¿Es la inteligencia artificial una amenaza o una oportunidad para nuestros puestos de trabajo? ¿Tiene techo la tecnología?

Lo único que sabemos a ciencia cierta es que el sector legal marcará el futuro de la humanidad.


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